
Primera Ruta de la Guerra Civil en Villafranca de los Barros
Agradecimientos y reflexiones
3 de mayo de 2026
Esta ruta surge a raíz del grupo de trabajo creado para la declaración de "Lugar de Memoria" en el muro donde fueron fusilados muchos paisanos de Villafranca y que aún conserva los impactos de bala en sus paredes. La iniciativa nació de José Antonio Calderón, quien la expuso en una reunión a Marta Escobar y a mí (Pepe Pecero), desde la Secretaría de Memoria Histórica y Democrática del PSOE de Villafranca de los Barros. Nos pareció una excelente idea y comenzamos a planificar el recorrido.
El proyecto se comunicó al área de Cultura del Ayuntamiento, dirigida por la concejala Miriam García Cabeza, y se acordó realizarlo el 3 de mayo. En un principio, la intención era celebrarlo durante la semana de la conmemoración de la II República, aunque por motivos de agenda fue imposible.
El inicio de la ruta
La ruta comenzó a las 10:30 de la mañana. Me correspondía a mí dar los agradecimientos a los organizadores, al Ayuntamiento y a los colaboradores, como es el caso de la Asociación de Memoria Histórica y Democrática de Tierra de Barros.
Yo, Pepe Pecero, autor de este artículo, era el encargado de realizar la presentación inicial de la ruta, la cual incluía el contexto histórico y los agradecimientos pertinentes. Sin embargo, debo confesar que el inicio no resultó como yo —y probablemente los asistentes— esperábamos.
Los nervios me jugaron una mala pasada y sufrí un auténtico ataque de pánico escénico. Debido a esto, simplifiqué tanto mi discurso que apenas recuerdo si llegué a dar las gracias por la asistencia o si me disculpé por el bloqueo del momento. Por ello, ahora que la calma me acompaña, quiero expresar con claridad todo lo que realmente deseaba transmitir en aquel instante:
Agradecimiento
Esta ruta nace de un grupo de trabajo de memoria histórica y democrática local. La idea original fue propuesta por José Antonio Calderón, enriquecida por Marta Escobar y desarrollada desde la Secretaría de Memoria Histórica y Democrática del PSOE de Villafranca de los Barros.
El proyecto fue presentado al área de Cultura del Ayuntamiento de Villafranca de los Barros —dirigida por Miriam García Cabeza (a quien pedimos disculpas por la errata en el apellido en borradores anteriores)—, contando además con la colaboración de la Asociación de Memoria Histórica y Democrática de Tierra de Barros, de la cual también somos socios.
Queremos hacer extensivo nuestro más sincero agradecimiento a:
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José Antonio Calderón, por impulsar esta iniciativa.
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Marta Escobar, por su motivación y aportaciones.
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Miriam García Cabeza y el Ayuntamiento de Villafranca de los Barros, por su apoyo institucional.
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La Asociación de Memoria Histórica y Democrática de Tierra de Barros, por su respaldo constante.
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A todos los asistentes, por acompañarnos y mantener viva la memoria de nuestro pueblo.
Incidencias del recorrido
Cabe mencionar que el primer punto previsto, la central eléctrica, tuvo que ser suprimido del recorrido debido a la distancia. En ella, a consecuencia de los combates, aún permanece visible un impacto de metralla en la cerámica del cartel anunciador.
Segunda parada: La Iglesia del Valle
El recorrido nos llevó posteriormente a la fachada de la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora del Valle. En este lugar nos detuvimos para observar los impactos de bala que aún se conservan en las paredes y en la ventana de la sacristía.
Durante aquellos días de conflicto, esta zona fue escenario de un momento de gran tensión cuando un grupo de milicianos disparó desde el antiguo Centro de Instrucción y Recreo hacia la ventana del templo, donde se encontraban retenidos los presos de derechas.
Afortunadamente, los disparos no impactaron en el interior y todos los presos salieron ilesos. Es fundamental recordar y destacar en este punto la intervención de Jesús Yuste, quien ejercía como alcalde republicano en ese momento, actuando con sensatez para proteger a los presos y evitar que sufrieran daños.
A continuación, la ruta nos llevó hasta la Plaza de España en dirección al museo. Durante este tramo, nos detuvimos para mostrar a los asistentes cómo era este espacio en aquella época, apoyándonos en materiales gráficos y documentales.
En concreto, enseñamos una fotografía histórica en la que se podía observar a las tropas y a los vecinos congregados en la plaza en aquellas fechas. Además, mostramos un documento de Falange para ilustrar el contexto del momento. Para compartir toda esta información de forma accesible y directa, utilizamos un iPad. Las fueron cedidas por Colecciones Fotográficas Pinilla-Montero. Pero al no tener yo el permiso, no las expongo, sintiéndolo mucho.
Tercera parada: El Museo Etnográfico de Villafranca de los Barros
Nuestra siguiente parada fue el Museo Etnográfico de Villafranca de los Barros. En la sala dedicada al siglo XX se encuentra una pieza de gran valor histórico y emocional: un cuadro de la Virgen realizado con tela e hilos por los propios presos que se encontraban retenidos bajo los órganos en el mismo edificio, que en aquella época albergaba la sede de Falange.
El cuadro —al que le falta la estrella de la parte inferior— fue rifado entre los presos una vez terminado. La suerte recayó en la familia de Constancio González y María del Valle, conocidos cariñosamente como "Coti". Durante décadas, la familia conservó la obra con profundo respeto, utilizándola como cuadro de cabecera.
Esta pieza está marcada por la tragedia de una familia golpeada por la represión. Cuando las fuerzas del orden acudieron a llevarse a sus dos hijos, Alonso y Ángel, Constancio, el padre, intentó detenerlos interponiéndose valientemente:
"Donde vayan mis hijos, voy yo".
Lamentablemente, aunque Constancio y su hijo Ángel lograron regresar a casa, no ocurrió lo mismo con Alonso. Él fue ejecutado ante las tapias del cementerio; sin juicio previo y sin culpa alguna, víctima de la implantación del terror por parte de las llamadas "nuevas fuerzas del orden".
La visita a este punto fue especialmente emotiva. "Coti" (así lo conocemos cariñosamente) se encargó de presentar el cuadro a los asistentes, y lo hizo de una manera excelente. Su intervención y la contemplación de la obra gustaron mucho y causaron un gran impacto en el grupo. Fue muy gratificante ver la satisfacción de los asistentes, quienes se mostraron sorprendidos por el valor histórico y humano de la pieza, comentando que era un testimonio desconocido para la mayoría.
Cuarta parada: Catalina Rivera y la represión al magisterio republicano
"Nos dirigimos ahora a la calle Llerena para visitar la fachada de la casa de Catalina Rivera. Este lugar constituye el cuarto punto de nuestro recorrido y está dedicado a la memoria de esta maestra republicana, quien fue víctima de la represión.
Como es bien sabido, los docentes fueron uno de los colectivos más castigados durante y después del conflicto; el magisterio de la República sufrió una persecución sistemática e implacable. A través de esta parada, buscamos rescatar del olvido la historia de Catalina y el sacrificio de tantos educadores que, como ella, vieron sus vidas truncadas por defender sus ideales."
Sobre Catalina existen testimonios que relatan cómo fue víctima de los falangistas locales, aunque, lamentablemente, quienes vivieron aquellos hechos ya han fallecido. En este punto de la visita, nuestra guía Marta realizó una labor excepcional: detalló con gran precisión la represión ejercida sobre la población civil y, específicamente, sobre el colectivo docente.
Marta nos puso en contexto recordando que el historiador Espinosa Maestre fue uno de los primeros en documentar este caso. También explicó cómo fueron falangistas de Villafranca de los Barros quienes fueron a buscarla. Gracias a las explicaciones de Marta y a la información de la aplicación, el contexto histórico queda perfectamente claro.
Cabe mencionar que este punto de la ruta es algo complejo de visitar debido al tráfico constante que circula por esta calle, lo que dificulta un poco la parada."
Quinta parada: La Comandancia Militar, el poder absoluto
Tras recorrer la calle Llerena, llegamos al quinto punto de nuestra ruta: la antigua Comandancia Militar. Durante toda la guerra, este edificio fue el verdadero centro neurálgico del control; aquí se "hacía y deshacía" a voluntad, ejerciendo una autoridad que se situaba incluso por encima del Ayuntamiento y de cualquier otro poder civil.
La presentación en este punto fue especialmente dinámica. Una vez que José Antonio tomó la palabra, la participación de los asistentes creció de forma natural, convirtiendo la explicación en un diálogo abierto y muy enriquecedor.
Aunque volvimos a enfrentar las dificultades propias del entorno urbano —el ruido constante del tráfico y el paso de vehículos—, el balance fue muy positivo. Aquellos con verdadero interés lograron sumergirse en la historia; y aunque siempre hay voces críticas, lo fundamental es que el mensaje llegó a su destino.
A medida que avanzábamos, la ruta se volvía más amena gracias a la creciente colaboración de quienes nos acompañaban. En definitiva, consideramos que ha sido un éxito total. Como en cualquier proyecto, siempre hay detalles que mejorar, pero la respuesta y el compromiso del grupo han sido, sin duda, lo más destacable de la jornada.
Aquí te detallo sus funciones principales para que comprendas por qué se dice que "hacía y deshacía" por encima de cualquier otra institución:
1. El epicentro del "Bando de Guerra"
Desde el momento en que la columna de Asensio tomó la población, la autoridad civil (el Ayuntamiento) quedó totalmente supeditada a la militar. La Comandancia era el lugar donde se ejecutaba el Bando de Guerra, un estado jurídico excepcional que permitía a los militares:
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Dictar leyes locales inmediatas.
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Controlar el orden público sin necesidad de jueces civiles.
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Supervisar todas las actividades diarias de la población.
2. Órgano de control y represión
Como bien mencionaba tu texto, la Comandancia estaba por encima de todo. Sus funciones incluían:
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Identificación y detención: Era el lugar donde se centralizaban las listas de personas consideradas "afectas" a la República, como el caso de la maestra Catalina Rivera o los miembros de sindicatos.
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Gestión de las milicias locales: Coordinaba a los grupos de Falange (como los de Villafranca que mencionaste) que actuaban bajo supervisión militar para realizar las "sacas" o detenciones.
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Justicia militar: Allí se decidía quién era procesado en consejos de guerra y quién sufría la represión inmediata bajo la jurisdicción castrense.
3. Gestión de la logística de guerra
Al ser un punto estratégico en la ruta hacia Madrid (Vía de la Plata), la Comandancia servía para:
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Acuartelamiento y suministros: Organizar el paso de tropas y asegurar que el pueblo proveyera los recursos necesarios para las columnas que avanzaban hacia el norte.
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Control de comunicaciones: Vigilar quién entraba y salía del pueblo, censurar el correo y controlar los suministros de alimentos.
En resumen
En una época donde la ley civil fue suspendida, la Comandancia Militar se convirtió en el único poder real. El hecho de que estuviera "por encima del Ayuntamiento" significa que el alcalde y los concejales de la época eran meros ejecutores de las órdenes que salían de ese edificio. Por eso, en tu ruta histórica, este punto es clave para entender cómo se desmanteló la democracia local para instaurar un régimen de control absoluto.
Sexta parada: El Torreón antiaéreo y Villafranca como retaguardia
En esta parada nos situamos ante el torreón defensivo ubicado en lo que hoy es el convento y residencia de las Madres Concepcionistas. Este lugar no es solo un hito arquitectónico, sino un testimonio clave de la defensa pasiva durante la guerra.
El frente a las puertas: El Valle de la Serena
Para entender la existencia de este torreón, debemos mirar al mapa. Durante dos años, el frente de batalla se estabilizó en el Valle de la Serena, a escasos 30 kilómetros en línea recta de Villafranca de los Barros. Esta proximidad obligó a la creación de un cuerpo de defensa antiaérea y la vigilancia constante desde puntos elevados.
Guerra en el aire y defensa de la retaguardia
Aunque la aviación republicana contaba con menos potencia y recursos que la aviación del bando sublevado (fuertemente apoyada por la Legión Cóndor alemana y la Aviazione Legionaria italiana), los bombardeos sobre la retaguardia eran un peligro real. Los "rebeldes", que controlaban Villafranca desde el 7 de agosto de 1936, necesitaban proteger sus puntos neurálgicos de posibles incursiones aéreas enemigas.
Un pueblo de descanso y control
Desde los primeros días del conflicto, Villafranca de los Barros dejó de ser frente de guerra para convertirse en un pueblo de retaguardia. Sus funciones principales eran:
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Descanso de tropas: Lugar de relevo para los soldados que venían del frente.
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Logística y mando: Como explicamos anteriormente en el punto de la Comandancia Militar, el pueblo servía de centro organizativo.
El torreón de las Concepcionistas era, por tanto, el "ojo" que vigilaba el cielo para garantizar que la calma de la retaguardia no fuera interrumpida por las bombas.
La imagen es una captura de pantalla de Google Maps. Se trata del torreón ubicado en el actual convento y residencia de las Madres Concepcionistas. Marcado con un círculo azul.
Séptima parada: El corazón de Jesús y el estigma de los albañiles
En nuestra sexta parada abordamos un episodio que ha generado innumerables comentarios en el pueblo: la retirada de la imagen del Sagrado Corazón de Jesús (el "Santo del Altozano").
El mito frente a la realidad
Nuestra guía, Marta, explicó con gran detalle este suceso, y contamos con el valioso testimonio de José, quien participó en la ruta confirmando los hechos. José relató lo que un vecino —que tenía siete años cuando ocurrió— le contó de primera mano, identificando incluso la casa donde vivía el testigo.
La historia es compleja. Durante la Segunda República, bajo el marco de un Estado laico, se generó una fuerte polémica sobre la permanencia del santo en la plaza. Finalmente, un pleno municipal aprobó su traslado a la parroquia. Aunque la leyenda negra local afirma que la estatua fue derribada, arrastrada y maltratada, la realidad documentada es muy distinta: dos albañiles la bajaron con sumo cuidado utilizando los medios de la época (poleas y cuerdas) y la depositaron sobre un carro lleno de paja para amortiguar el traslado.
Es cierto que la figura sufrió un pequeño daño en un dedo, pero fue debido a la dificultad técnica de bajar una imagen de casi cuatro metros de altura, y no a un acto de vandalismo.
El alto precio de "llevar el pan a casa"
Lo más trágico de esta historia es el destino de esos dos trabajadores. Esos albañiles eran el bisabuelo de José y el hermano de este. No aceptaron el encargo por ideología política, sino por pura necesidad: necesitaban el jornal para alimentar a sus familias.
Sin embargo, ese trabajo les salió muy caro. Con la llegada de las tropas sublevadas, fueron de los primeros en ser represaliados. Se les señaló injustamente por cumplir con una tarea profesional. Es una historia triste pero real: la de tantas personas que, intentando llevar el pan a su casa de forma digna, acabaron pagando con su libertad o su vida.
"Señor mío, hay que comer. Hay que ver a los hijos dignamente. La esclavitud se acabó hace mucho tiempo, pero en aquel entonces, el simple hecho de trabajar donde te mandaban podía costarte la vida".
Octava parada: El Colegio San José
Nuestra octava parada nos lleva directamente al Colegio San José. En primer lugar, es de rigor agradecer a Ramón y a los responsables de la institución por permitirnos el acceso y abrirnos las puertas para esta visita.
Un paréntesis histórico: La República y la Botánica
Una vez dentro, tomo la palabra para ofrecer un breve contexto histórico sobre una etapa sumamente curiosa: el papel del colegio durante la Segunda República y los años posteriores.
Muchos saben que, durante el periodo republicano, el centro funcionó como un instituto de secundaria mixto. Un detalle fascinante de esta época son sus jardines; el director de aquel entonces era un gran apasionado de la botánica y mandó traer especies exóticas de varios países. Es una delicia recorrerlos hoy y observar esa diversidad que aún perdura.
El exilio de los jesuitas y el legado de Soler Díaz-Cacho
En 1932, los jesuitas fueron expulsados de España, y los de Villafranca de los Barros se trasladaron a Estremoz (Portugal), donde continuaron impartiendo sus clases.
Sobre esta etapa, recomiendo encarecidamente la lectura de la obra del recordado profesor José Antonio Soler Díaz-Cacho. Aunque publicaba "con cuentagotas", la calidad de su investigación era excepcional. Su libro, Los pies entre los pliegues de la memoria, es una obra de trabajo impresionante. No tengo palabras para describir la profundidad de la información que se obtiene de sus páginas; es, sencillamente, magistral.
La Guerra Civil: Hospital de sangre y la Mezquita
Tras el estallido de la Guerra Civil en 1936, el edificio fue militarizado. Con el nuevo escenario, se devolvió el colegio a los jesuitas y el curso 1936-1937 ya se impartió aquí. Sin embargo, la planta baja se transformó en un hospital de sangre para atender a los heridos del frente, especialmente a los legionarios y a las fuerzas regulares marroquíes ("tropas moras").
Fue tal la cantidad de combatientes heridos que el colegio quedó desbordado; existen fotografías de la época donde se ve a los soldados convalecientes incluso en los bancos de los pasillos. Debido a la gran presencia de soldados musulmanes, ocurrió algo inusual: se habilitó una mezquita dentro del colegio católico.
Incluso hoy, al visitar ese espacio, se pueden ver fotografías de la época con los soldados en la puerta. Recientemente, visité el lugar con un amigo musulmán y se quedó impresionado: confirmó que la orientación (hacia la salida y puesta del sol) es perfecta. No podía creerlo hasta que lo vio con sus propios ojos.
Solidaridad y reflexiones personales
En aquel hospital de sangre no solo trabajaban los jesuitas; los propios alumnos y mucha gente del pueblo colaboraron voluntariamente como camilleros y enfermeras. La necesidad era tal que la solidaridad de Villafranca fue fundamental.
Antes de salir, suelo hacer un pequeño alegato personal. Siempre he admirado a la Compañía de Jesús. Aunque su expulsión en la República es un tema complejo, para mí son figuras fascinantes. Al estudiar su historia, especialmente durante la colonización de América, se observa su estructura colectiva: cuando entras en la congregación, todo es de todos. Por eso, suelo decir —con perdón de la Iglesia— que son casi los "comunistas de la religión". Incluso en la Transición española, la impronta de los jesuitas estuvo presente en la construcción de la democracia a través de figuras clave.
El final del recorrido: Huellas del pasado
Para finalizar, cabe mencionar dos datos curiosos y potentes:
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El cementerio musulmán: Se creó un cementerio para los fallecidos en el hospital. En los años 90, algunos restos fueron recuperados por sus familias y el resto se trasladó a un panteón en el cementerio municipal de Villafranca.
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Visitas históricas: El colegio recibió visitas de figuras de gran peso histórico, como Queipo de Llano en 1937 y el general Franco hacia 1941.
Es, sin duda, una historia viva. Ver una pistola encontrada en el patio o saber que allí convivieron la cruz y la media luna es parte de lo que hace al Colegio San José un lugar impresionante.
Novena parada: Cementerio Municipal
Partimos desde el Colegio San José con dirección al camposanto. Al llegar, nos detuvimos ante el muro exterior, un lugar que aún conserva las huellas visibles de los impactos de bala. Es gracias a la sensibilidad de los enterradores de la época, y de quienes les sucedieron, que estos muros no han sido derribados ni ocultados por completo; aunque se han intentado tapar en ocasiones, las marcas siempre vuelven a salir a la luz, recordándonos nuestra historia.
Allí explicamos la realidad de los represaliados en Villafranca de los Barros y presentamos el proyecto para convertir este espacio en un lugar de memoria.
Un encuentro participativo y revelador
Al cruzar la entrada del cementerio para localizar las tres fosas documentadas, se generó de forma espontánea una tertulia entre los guías y los acompañantes. Fue un intercambio de ideas cordial, saludable y sumamente ameno. Superó todas mis expectativas: cada asistente expuso su teoría y compartimos conocimientos en un ambiente de respeto.
Nos sorprendió gratamente descubrir quiénes nos acompañaban. Entre las cerca de 40 personas, había perfiles muy interesantes que no habíamos identificado al inicio:
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Un joven de Bodonal de la Sierra volcado en la recuperación de fosas.
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Personas llegadas desde La Parra, Fuente del Maestre y Ribera del Fresno.
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Vecinos de diversos puntos que se desplazaron expresamente para unirse a esta jornada.
El proyecto de las fosas
Durante la charla, recordamos cifras estremecedoras que reflejan la magnitud de la represión en nuestra localidad:
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Las víctimas del "Muro": Se estima que cerca de 334 personas pasaron por el muro. Sus nombres figuran en el monolito de memoria erigido por el PSOE, gracias a la lista cedida al Ayuntamiento por el historiador y paisano Francisco Espinosa Maestre.
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Investigaciones locales: Aunque inicialmente se hablaba de casi 600 represaliados vinculados a Villafranca de los Barros, investigaciones más recientes han ampliado este censo.
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Base de datos integral: El trabajo exhaustivo realizado por Pepe Pecero y Juan Antonio Álvarez, con la colaboración de Miguel Sánchez, ha permitido crear una base de datos de los represaliados entre 1936 y 1957. Sus hallazgos elevan la cifra aproximada a 700 personas.
Cierre de la jornada
La conversación fue tan enriquecedora que la jornada se alargó hasta pasadas las 14:00 horas. A pesar del cansancio del camino de vuelta a pie, la experiencia mereció la pena con creces.
Quiero agradecer de todo corazón a quienes nos acompañaron. Esperamos que la próxima convocatoria sea igual de especial o, si cabe, aún mejor.
Muchas gracias a todos.
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José Pecero Merchán
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