La columna de los ocho mil

00 La columna de los ocho mil. (Imágenes contra el Olvido)


A mediados de septiembre de 1936 toda la parte oeste de la provincia de Badajoz estaba ya tomada por las tropas nacionales, salvo la pequeña bolsa republicana que formaban las comarcas de Jerez de la Frontera y Fregenal de la Sierra. En estos lugares se habían concentrado miles de personas significadas con partidos y organizaciones de izquierda de una gran cantidad de pueblos de la provincia de Badajoz. Habían huido de una muerte segura a medida que las tropas de Franco iban avanzando. Dirección: Ángel Hernández García, Antonio Navarro Millán, Fernando Ramos Mena, Paco Freire Magariños. Producción: Asociación Cultural Mórrimer.


  00Pero sabían que en breve esa zona también sería conquistada, así que organizaron una huida a través de 100 km. de caminos por territorio enemigo hacia el enclave republicano de Azuaga. Una gran parte de la columna estaba compuesta por familias, con mujeres, niños y viejos, que llevaban en bestias de carga los pocos enseres a los que no habían querido renunciar.

Cuando estaban ya cerca de la libertad, la columna fue atacada en un paraje cercano a Reina y Fuente del Arco, muriendo unas 80 personas. Como consecuencia del ataque unos lograron pasaron, otros se volvieron hacia atrás, siendo eliminados muchos de ellos al llegar a sus pueblos; y unas 2000 personas fueron hechas prisioneras y trasladadas a Llerena. Un mes más tarde, la mayor parte de estos 2000 prisioneros habían sido fusilados.

Estos sucesos tuvieron repercusión en los diversos medios de la época. Fueron portada del diario Hoy y aparecieron en un artículo del ABC (edición de Sevilla). También fueron mencionados en un artículo del poeta Miguel Hernández y en el programa radiofónico de Queipo de Llano en Radio Sevilla.
Curiosamente estos hechos, que después de la matanza de Badajoz pueden ser el suceso represivo más importante de toda la Guerra Civil en Extremadura, no aparecen en los libros de historia.Por diversas razones, este importante y significativo acontecimiento ha sido silenciado durante todos estos años y no ha sido conocido nunca por el público en general. Sólo a partir del año 2000 comienzan a darse a conocer en dos o tres pequeños artículos escritos en revistas locales, y en un pequeño apartado del libro de Francisco Espinosa "La Columna de la Muerte". Pero todavía al día de hoy hay muchas familias extremeñas que siguen sin saber que pasó con sus abuelos y donde están enterrados.

La columna de los ocho mil: una tragedia olvidada. Ángel Hernández García. 

Era conocido por los mandos nacionales de Sevilla, encabezados por Queipo de Llano. Tenían informadores en la zona. Incluso enviaron un avión de reconocimiento para ver los movimientos de la columna. 
Las fuerzas nacionales encargadas del ataque estaban compuestas por una compañía del regimiento Granada, reforzados con guardias civiles y falangistas. El contingente era parte del destinado en Llerena bajo las órdenes del comandante Gómez Cobián. En total unos quinientos hombres bien pertrechados. Antonio Perozo nos contó como vio pasar parte de estas tropas cuando se dirigían hacia Reina, desde la huerta de su familia situada a las afueras de Llerena. También los vecinos de Reina las vieron atravesar el pueblo en dirección al lugar del ataque. Por estas fechas se encontraba acantonado en Llerena un contingente de tropas cercano a los mil efectivos. Tres semanas atrás, el 31 de agosto, un importante grupo de milicianos republicanos conocido como "Columna Sediles" salió de Azuaga con intenciones de tomar Llerena. A pesar de que Llerena se encontraba bastante desguarnecida, el ataque fue rechazado. Pero hizo concienciar al mando sublevado de la delicada situación de Llerena en relación a la estratégica línea de ferrocarril que une Sevilla y Mérida. Este hecho provoca que se concentren tropas en esta localidad con el propósito de conquistar Azuaga, asunto que se llevaría a cabo el 24 de septiembre. Parte de estas tropas participarían en el ataque a la columna de los ocho mil. No creemos que los miembros de la columna fueran conscientes del aumento de efectivos militares en torno a Llerena. De ser así, seguramente hubieran cambiado su ruta de escape. 
Al caer la tarde del 17 de septiembre, la columna dejó la senda y se internó en la cañada real del Pencón. Estaban ya muy cerca de la vía del tren y con ello de la llegada a zona republicana. No sabían que a pocos kilómetros el ejército sublevado les esperaba. El lugar elegido para la emboscada fue el Cerro de la Alcornocosa, junto a la Cañada Real del Pencón. Un paraje cercano a los pueblos de Reina y Fuente del Arco, y a pocos kilómetros de la vía del tren. Seguramente se eligió este lugar por las facilidades de comunicación que ofrecía. Los sublevados montaron estratégicamente varias ametralladoras en la parte alta del cerro. En cuanto la columna estuvo a tiro iniciaron el ataque. . 
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La suerte para los que sobrevivieron al ataque fue dispar. Quienes consiguieron pasar tenían como objetivo cruzar la vía del tren, situada a dos o tres kilómetros del lugar de la emboscada. Aquellos que lo lograban llegaban a zona republicana y acababa el peligro. Sin embargo los militares golpistas les reservaban una última sorpresa. En la vía estaba emplazada una máquina de tren y dos vagones con soldados disparando contra todo aquel que intentaba cruzarla. Seguramente, sería parte del dispositivo utilizado para transportar las tropas. 
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Otro de los sucesos importantes derivados del ataque fue la captura, sin utilizar medios violentos, de un gran número de prisioneros por un reducido grupo de militares y falangistas dirigidos por el capitán Gabriel Tassara. Este punto es uno de los más desconocidos de toda la historia y esta sujeto a la aparición de nuevos estudios sobre el particular. Al parecer, el capitán Tassara, destinado en Fuente del Arco, se disfrazó de miliciano y utilizando una bandera republicana y un megáfono consiguió engañar a un numeroso grupo de miembros de la columna; haciéndoles creer que les iba a ayudar. Martín Burgueño sitúa estos hechos a cuatro o cinco kilómetros del lugar del ataque, en un paraje ubicado en la cañada real del Pencón, junto al Cerro de la Guedija y el Entalle. Algunos no creyeron al capitán Tassara y continuaron su camino. Sin embargo, unas dos mil personas cayeron en la trampa y fueron conducidas hasta Fuente del Arco. De camino, junto al cortijo de La Castora, consiguieron desarmarlos con la promesa de darles mejores armas. Días más tarde, aquellas armas abandonadas serían llevadas a Fuente del Arco en fardos a lomos de burros. Algunas de ellas han llegado a nuestros días. 
Así que engañados y desarmados son llevados a Fuente del Arco a través del camino de Calaguera. Entran en el pueblo por el barrio de las Erillas. Todo está preparado para darles la bienvenida. Tropas de regulares aparecen apostadas en lugares estratégicos cerrándoles el paso ante posibles fugas. Muchos vecinos del pueblo los ven pasar desde sus casas. Al llegar a la plaza son rodeados y se descubre el engaño al cambiar la bandera republicana que ondeaba en el ayuntamiento por otra nacional. Podemos imaginar la desesperación de aquellas personas al saberse presas. Algunos reaccionaron arrojando al suelo el dinero republicano que llevaban. Allí mismo, en un rincón de la plaza fueron ejecutadas varias personas. Algunos prisioneros intentaron escapar a través de los tejados de las casas, pero fueron detenidos y fusilados. El grupo fue conducido después hasta la estación de ferrocarril donde les esperaba un tren para ser transportados a Llerena. El convoy, repleto de prisioneros, tuvo que avanzar lentamente al paso de las caballerías de los presos que lo escoltaba. 
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La tragedia tuvo repercusión en diversos medios de comunicación. El mismo día 18 por la noche, el general Queipo de Llano lo menciona en una de sus típicas soflamas radiofónicas. Al día siguiente, en la edición del ABC de Sevilla aparece la noticia. El tratamiento de la información es propio del ABC de la época. A los refugiados los llama marxistas fugitivos y la cruel encerrona la convierte en victoriosa batalla. El mismo día 19, el diario Hoy abre también con la noticia en portada. Su discurso es similar al del ABC. 
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¿Quién fue el responsable de estas acciones? El jefe militar que había en Llerena en ese momento era Gómez Cobián. Pero sabemos que recibía órdenes desde Sevilla y que estas acciones represoras estaban perfectamente planificadas por los generales golpistas. En una escala inferior estaban personajes como el teniente Miranda y el capitán Tassara, que recibió la medalla al mérito militar por tan honorable acción de guerra. 
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Esperamos que el esclarecimiento y difusión de barbaridades como esta sirva para que valoraremos como un bien preciado los últimos treinta años de pacifica convivencia y democracia vividos en este país, y tomemos conciencia del horror que producen las guerras, sobre todo las guerras civiles.
Demo